MESA REDONDA DE QUIRÓS – 2016

Quirós es tierra de paso y huella en esta ruta trashumante hacia Torrestío. Tierra de comienzo para unos, de fin para unos pocos y de paso para casi todos. Unos, quirosanos de asentamiento que iniciaron aquí su ruta de alzada y para otros, fue fin del camino al encontrar aquí la persona con quien compartir su vida y cambiar la alzada por acabar sus días en estas tierras quirosanas.

Se pierde en el tiempo desde cuándo Quirós fue ruta de paso. Hay estudios que remontan estas rutas trashumantes a través de los Valles del Trubia a la Edad del Bronce, relacionando las pinturas de los abrigos de Fresnedo en Teverga o los monumentos prehistóricos con la trashumancia de hombres y ganados hacia tierras babianas.

Hoy, hemos vuelto a pisar este camino que une Torrestío al puerto de Ventana y Quirós. El mismo que anduvieron los Templarios de Bueida, las reliquias de la Cámara Santa y el del mismísimo Jovellanos buscando una suave salida hacia la Meseta; el que atravesaran en la noche los aventureros del estraperlo o aquel en el que guerrearon moros y cristianos y también las tropas de ambos bandos en la última Guerra “In-Civil”. El mismo, al que a pesar de tanto andarlo, aún le quedó polvo, nieve y barro para que nuestros abuelos y nuestros padres con su ganado, esculpieran en él también su huella.

Hoy, de Torrestío a Quirós, sin duda hemos venido caminado sobre la Historia, sobre la misma que se recoge en los libros y que se esconde en cada piedra. Quirós fue puente hacia el puerto, cobijo y casa de puertas abiertas para los vaqueros de ayer y no quiere dejar de serlo para los caminantes de hoy.

Para recorrer con la palabra el camino y la memoria, forman esta mesa:

- Eva Martínez, Teniente de Alcalde del Concejo de Quirós.
- Alva Rodríguez, Directora del Museo Etnográfico de Quirós y su comarca.
- Ramón Álvarez-Estrada, quirosano descendiente de la familia Alvarez-Estrada de Torrestío.

MESA REDONDA DE QUIRÓS
Resumen de la mesa redonda de Quirós.
Casa de la Cultura, 8 de octubre de 2016.

- Roberto Osorio, Cronista oficial de Quirós .
- María Teresa Rodríguez, Presidenta de la Asociación Vaqueros de Alzada de Torrestío.
- Baudilio Fernández, vaquero que todavía alza con su ganado.
- Y quien les habla y coordina la mesa, María Luisa Pola, nieta de los últimos vaqueros trashumantes de Quirós.

Según información de Belén González ( historiadora de Quirós), el catastro del Marqués de la Ensenada (1734) contabiliza en Torrestío 800 habitantes y 124 casas habitables, 1 inhabitable, otra arruinada, una fragua, un hórreo y seis molinos harineros de una muela. También registra una taberna conservada por el vecindario por días y meses, pagando a una persona para que la tabernee, un real por cántaro de vino.

En cuanto a la nobleza, Diego Álvarez Estrada, es un hidalgo notorio de casa solar conocida y de armas pintar, que habitaba en una casa solariega que dos siglos más tarde fue vendida a un emigrante retornado y se le empezó a conocer como casa El Habanero. Hoy casa rural conocida hoy como la Solana.

Como descendiente de aquella casa solariega de Torrestío nos acompaña hoy en la mesa Ramón Álvarez Estrada vecino de Quirós:

Ramón: “Mientras hablamos, os estoy pasando el escudo que estaba en esa casa de los Álvarez Estrada y que cuando mis tatarabuelos vinieron a Quirós lo trajeron con ellos, no obstante, hay otro escudo que está en Torrebarrío debajo de la iglesia, en unas casas que llaman el barrio de los señores, allí hay también un escudo de los Álvarez. De este último tuve conocimiento hace 20 años aproximadamente, cuando Vicente el cura (Vicente González, historiador) me acompañó y me lo enseñó. Sin embargo, no son iguales, no sé si es otra rama de la familia, lo ignoro.

Mi abuelo nació en 1832 y yo tengo 80 años, son dos generaciones en dos siglos es una barbaridad, tengo familiares vivos que no conozco y de quien soy tío abuelo, siendo ellos mayores que yo, es curioso.

Cuando mi abuelo vino para Quirós, se estableció en San Vicente de Nimbra y posteriormente hacia el año 1900, mi abuelo quiso comprar el Café Oriental en Gijón, para ello vendió un rebaño de ovejas que tenía a medias con el padre de Ramiro "el capador" (Genaro Rodríguez Barrera), cuando llegó con el dinero ya lo habían comprado otro. Entonces fue cuando con el dinero hizo el Molinón en San Salvador.

Mi padre en Torrestío hizo la casa que todos conocéis como la de Máxima. Él era capitán de la marina mercante y la hizo muy pequeñita, puso literas en el desván, todo muy pequeñito. Después se metió en la casa, cuando guerra, una señora bastante mayor a la que nunca le cobramos renta. Ella venía de vez en cuando por Quirós y nos traía un kilo de lentejas, arvejos... venía a caballo, a lo mejor cada dos años. Más tarde la vendimos a un capataz de la mina de almagre, que se llamaba Buto y poco más puedo contaros”.

Marisa: ¿Qué recuerdos tenéis o qué oías contar?, ¿qué pensaban en Quirós de aquella gente que alzaban por sus caminos, con sus cosas, sus animales, haciendo noche en La Vigutiérrez o en el Posaorio? Baudilio: “Buenas tardes a todos. Yo recuerdo lo que me contaba mi madre.

Empecé de crío a subir y después, más tarde, continué con el ganao. Conmigo se terminará la alzada porque la juventud ya no quiere esta vida.

Ahora subo y bajo en camión, pero mi madre iba por Quirós siempre hasta que abrieron el Puerto Ventana. Echaban tres días. El primero dormían en Villanueva de Santo Adriano, el segundo en Ricabo y de allí al Puerto Ventana; llegaban por la tarde a Torrestío.

El Puerto de Ventana lo tengo pasado tanto que si me vendan los ojos sé para qué lado están las curvas. Poco tengo que añadir, porque sería repetir. Pienso que si hay que volver a subir y bajar con animales, pitas,… no creo que ya lo hiciera nadie. Era un sacrificio. Mi bisabuela, cuando la guerra, bajó de Torrestío y tardó varios meses en llegar a Las Regueras a causa de la misma”.

Roberto: “Yo tengo alguna grabación de mi abuela y de gente de aquí y tenían buena referencia, los veían pasar con todo aquello, las alforjas enllazadas, los calderos, las pitas... Mi güela la de Ricabo, Isolina, que tiene ahora 96 años, me contaba que en su casa dormían los de la familia de Ramiro "el capador" y que a cambio la relación era tan buena que esta familia sembraba una tierra de arvejos en Torrestío (que aquí no los había) y luego iban ella y la hermana a sallar y recogerlos cuando correspondía en contraprestación de darles resguardo cuando subían o bajaban.

Arturo el de Ricabo se acuerda de cuando eran guajes y bajaban a verlos pasar porque traían vacas pintas, en Quirós no las había y no las habían visto en ningún lado. Está claro que los que iban, venían y traían noticias, comida, mercancía.

La gente de la parte alta de Quirós, como Ricabo, la relación con Babia era mucha, las madreñas y los xugos iban para allá y a cambio traían arvejos o lo que tocara”.

Mª Teresa: ¿Cómo se llamaba la familia de tu abuela, Roberto?

Roberto: Casa Luciano y Máxima de Ricabo. “Mi abuelo era madreñero y bajaba hasta la feria de la Grandiel.la en Luna, a venderlas. De Ricabo iban 15 ó 20 madreñeros.

Yo siempre oí hablar bien de los vaqueros y las relaciones también eran buenas, comunicaban noticias, Quirós fue un lugar de paso importante de personas y mercancías con lo que ello conllevaba.

Loa vaqueros forman parte de estos caminos quirosanos, de los recuerdos de nuestros mayores. Su paso en cualquiera de las dos direciones indicaban cambio de estación. La gente a finales de la primavera cuando os encaminabaís a Torrestío, era un aviso para los segadores quirosanos podían ir templando sus aceros para la siega en Babia, segaban primero allí y luego en Quirós.

El retorno de las tierras babianas cuando bajaban en el otoño, era el anuncio de la seronda y de que aquí las castañas estaban esperando.

Mi güela la de Villagime decía: los que iban pa Turrustío. Mucha gente aquí lo decía.

Desde el principio de la historia los pueblos eran trashumantes, iban detrás del ganado buscando pasto, luego se fueron asentando.

Todos tenemos sangre de trashumantes, aunque sea lejana.

Yo creo que vuestra iniciativa de recuperar estas rutas, tiene un gran sentido, como homenaje a los mayores, conservar una tradición, algo que no se debería de perder y que es bueno lo que hacéis, el transmitirlo de generación en generación. Y como decimos los quirosanos "que no haya novedad, que vayáis y volváis sin novedad”.

Marisa: Yo creo que eso es muy importante seguir manteniendo lo que vivimos o lo que nos transmitieron…¿Qué opinas Alva?

Alva: “Soy consciente de lo que tenéis quienes hacéis alzada, como los que no la hacemos pero conocemos el camino. A mí me parece asombroso la cantidad de información que tenéis, tanto escrita como oral. Eso es algo que no todo el mundo tiene y a mí me sorprende.

Los de Somiedo o de otros lugares (sin menospreciar a nadie) tienen el renombre de vaqueiros de alzada, porque hubo un antropólogo primero, luego hubo muchas más personas, evidentemente, que tiraron de ello y por eso se reconocen hoy los vaqueiros de Asturias.

Yo, mi propuesta, porque creo que lo que estáis haciendo es muy bueno, es realizar unas jornadas antropológicas, ya que lo que haceis es antropología pura y dura. Tenéis material físico, soportes de todo tipo, una colección de fototeca alucinante. Tenéis los ingredientes suficientes para hacer por lo menos 10 jornadas antropológicas, que, además, pueden ser un estímulo para la colaboración vecinal, con un objetivo básico y fundamental, el conocer, impulsar y mantener esa sociedad y esa cultura trashumante que aún se conserva.

El Camín Real de la Mesa, la Calzada Romana, etc., se conocen porque gozan de un soporte. Primero se hizo un estudio turístico y de recursos; después se puso en valor, en sobre valor, el proyecto.

Alzada de Torrestío, verdaderamente lleváis poco tiempo, pero vais a salir adelante con vuestras rutas sin olvidar un aspecto importante de la misma que es la alzada; su esencia.

Intervienen algunas personas de la audiencia y destacamos las palabras emocionadas de Ismael Suárez Rodríguez porque resumen los recuerdos que los vaqueros de Torrestío guardan de su paso por Quirós:

“En Quirós estoy desbordau, toy preocupau, contento y muy emocionau, porque cuando hablan de las familias que pasaron por aquí, tócame el amor propio, porque tengo una deuda con Quirós, siempre lo diré.

Mi madre murió con la ilusión de venir a Quirós a decir adiós a familias que tenía en Quirós. Yo nací en Torrestío y alcé siempre por Teverga porque se había fundido un puente en Ricabo y Bautista Perín, que era el que más conocía el camino, le dijo a mi madre que no era conveniente que fuera por allí, porque al desviar las vacas fuera del sitio de costumbre le diban dar trabajo y que por Páramo era mejor el paso.

Asi que empezamos a ir por Teverga. Pero mi madre vino de cría, vino de adolescente, vino de moza, vino de casada y vino con hijos por Quirós El primer cochucu que compré, dijo mi madre:"ahora que tienes coche vamos a ver a familias, amistades que tengo en Quirós". Pasaron 6 meses y otra vez me pregunta: “¿cuándo vamos a Quirós?” Cuando tienes pocos años no lo entiendes, ahora ves la oportunidad que tuviste de coger algo que ya se fue.

- Pero mama ¿qué tienes tú en Quirós?,
- Bueno tengo en Ricabo, tengo en Bueida, en el Posaorio no habrá
nadie pero tengo buenos recuerdos...

Esto fue alargándose hasta que se enteró que en la Vigutiérre vivía Soledad, sola y tenía 100 años. Así que me dijo: El domingo vamos a Quirós. El viernes empezó mi madre a hacer unes galletes, meteles en una cajina y hala….

Na más pasar Caranga p'arriba empezó: aquí dormía fulano, en este sitio dormía mengano, !Vete despacio! Al llegar al pantano, como que se había perdido, pero no dijo nada, calló la boca. Cuando llegamos dijo, !Ye ésto!, ye la Vigutierre. Una casa abandonada con prao delante y antes había un pino, que si no ye pol pino hoy no encuentro la casa.

Bueno paré allí y dice mi madre:!Lo que era la Vegutierre y lo que ye!, mira ahí metíamos les yegües, allí les vaques, porque la yegua tenía que dormir a techo por si venía sudando. Yo pensaba, esto ta abandonao, aquí no hay nadie. Mi madre salió del coche y díjome: voy enseñate les cuadres. Claro, para ella aquello era un imperio pero yo veía una casa en desuso.

Cuando vamos a cruzar la carretera se abre la puerta, como si la abriera el aire, y aparece una mujer de estatura fuerte, sin estar gorda y no era alta, de mediana estatura:

- ¿Dónde vais?
- Mi madre: a vete.
- Pues ya me táis viendo, ¿qué queréis?
- ¿No me conoces?, diz mi madre,
- Contéstale ella: no y tú a mí tampoco.

Aquella mujer tenía en la mano una escoba, estaba atravesada en medio de la puerta y si iban a robar había que pasar por encima de ella. Dijole mi madre, soy hija de Duardo el de Torrestío. Deja caer el palo, se abrazan, se serenan, vuelven a abrazarse llorando y riéndose todo a la vez y en esa emoción pregunta:

- ¿Tú quién eres Josefa o Sabina?.
- Soy Josefa.

Entramos pa dentro y recuerdo la cocina bastante oscura. Mándame bajar unos pocillos, moler café, poner mantel y pregúntale a mi madre:

- ¿Tú padre?,
- Murió
- ¿Fai mucho?
- Cuando la guerra.
- Lu jodieron.
- No, no de muerte natural.
- Pues tenía menos tiempu que yo...

Tuvieron media tarde hablando y dijo: si venís hace poco no me encontráis aquí. Fui a EEUU, llevome menos tiempo que a vosotros dir a Torrestío con les vaques.

¿Te acuerdes, dice ella, cuando dormisteis en la cama con la mi hija les dos?, llegasteis como si hubierais caído en el río, pingando, quité la ropa mojada que traíais y metivos en la cama desnudas con la mi hija. Mi madre se acordaba y empezaron a llorar las dos.

“A todos los quirosanos que nos acompañaron y ayudaron en tantas ocasiones, sólo puedo dar las gracias por lo que hicisteis por mi madre.”

Antes de terminar Ismael quiere contrastar la historia que Soledad les contó sobre Juan, su marido: Vinieron a buscarlo y los conocí, y no me gustaron porque uno no daba la cara. Mientras hablaban con él bajé y le dije que se cambiara de ropa por si tenía que ir a Proaza u otro lado. El mi Juan era muy inocente, pero esto lo pilló. Entonces subió a cambiase pero huyó por una ventana trasera al monte.

Ismael pregunta si alguien conoce esta historia que les contó Soledad.

Roberto: “Sí, saltó a la pumarada por la ventana. Había una chamuerga y una saltaera y dejó las huella de barro en ella. Entonces dio la vuelta y regresó a casa y de allí lo pasó a Babia mi bisabuelo. Sus perseguidores al ver las huellas continuaron tras él camino de Bermiego”.

Ismael agradece la respuesta.

 

Grabación: Ana Josefa Rodríguez
Vaciado y resumen: María Luisa Pola
(Asociación Ruta vaqueros de Alzada de Torrestío)