Introducción

En Asturias el término “alzada” se asocia de inmediato con la trashumancia ejercida por los vaqueiros de occidente o por los vaqueros de la Asturias central. Tiene connotaciones específicas y está enraizado en el propio folclore. Pocas personas desconocen este tipo de vida trashumante y sus canciones o vaqueiradas, ya que compositores, pintores, escritores y antropólogos dejaron amplia constancia de la vida de estas gentes, principalmente desde finales del siglo XIX. Sin embargo, en la provincia de León no siempre se comprende lo que significa ser “vaquero de alzada”, pese a que desde hace siglos ha existido, y aún perdura, la trashumancia vaquera en uno de sus pueblos limítrofes con Asturias, Torrestío, el cual, justo por razón de su alzada, presenta unas señas de identidad y unas características  diferentes del resto de los pueblos de Babia.

Quizás antes de adentrarnos en el tema, convendría explicar lo que entendemos por “alzada”. Los vaqueros de alzada no practican una trashumancia estacional al estilo de tantas otras, como por ejemplo la que realizan los pastores y ganados que cruzan la península por las cañadas reales, yendo desde  una provincia norteña hacia otra más meridional y viceversa. La alzada tampoco consiste en una trashumancia vertical y corta, como la que se da entre pueblos y brañas (tipo cabañas) de una misma o cercana localidad, fenómeno abundante en la montaña asturiana, desde la cual los pastores cuidan sus rebaños durante el verano. (Véase J. A. Valladares Álvarez: El Brañeo en Asturias, 2005).

Jovellanos en sus Cartas a Ponz (Edición de  José M. Caso González: Cartas del viaje de Asturias.2. Ayalga ediciones, 1981) escribe en la carta novena, de obligada referencia por ser el primer escrito que aporta datos de gran interés sobre los vaqueros: “Vaqueiros de alzada llaman aquí a los moradores de ciertos pueblos fundados sobre las montañas bajas y marítimas de este Principado, en los concejos que están al ocaso, cerca del confín de Galicia. Llámanse vaqueiros porque viven comúnmente de la cría del ganado vacuno; y de alzada porque su asiento no es fijo, sino que alzan su morada y residencia, y emigran anualmente con sus familias y ganados a las montañas altas” (pág. 49).

Y más adelante (pág. 69) hace referencia a los vaqueros de Torrestío: “He dicho a usted que hay también vaqueiros en los concejos interiores de Asturias, y tales son los que viven en la Focella, Saliencia, Torrestío y Cogollo. En todo parecido a los otros, dados como ellos a la cría de ganados, trashumando como ellos a los puertos altos, y vistiendo y viviendo como ellos, la única diferencia que los distingue es que ni trafican, ni son tenidos en tan poco de los aldeanos sus vecinos, con quienes no sólo tratan, sino que alternan en el goce de oficios públicos, honores y derechos sin distinción alguna. Son también empadronados por nobles”.

Respecto al dato traficar veremos en otro apartado de este artículo que existen referencias a vaqueros de Torrestío que practicaban la arriería.  De hecho, el mismo Jovellanos años más tarde en su “Viaje a León en 1792” (Jovellanos y León, reeditado por Breviarios de la Calle del Pez, 20), menciona el oficio de arriero cuando describe a Torrestío como: “lugar grande de más de 100 vecinos, todos ganaderos; por el invierno transmigran con sus ganados a los concejos de la costa y por el verano cuidan las mujeres el ganado, mientras ellos se dedican a la arriería” (pág. 77).

Y sobre el hecho de estar empadronados por nobles existen documentos y referencias que así lo atestiguan. El empadronamiento de Torrestío, realizado en 1716 y con sello de 1730 “siendo jueces en dicho lugar Tomás Álvarez por el estado noble y Pedro Sirgo Boiso por el estado llano” (Real Chancillería de Valladolid: Sala de Hijosdalgo. Caja 179, 0007.), registra 123 cabezas de familia. De ellos, ochenta y cinco son hijosdalgo notorios y cuatro de los mismos tienen “casa solar conocida de armas pintar”. Otras treinta y cuatro familias gozan de privilegio (Privilegio Vellito Auriolis, otorgado a los pueblos de Páramo y La Focella por el Rey Bermudo III en el año 1033) y tan solo tres familias se describen como “pecheros cuantiosos”.

El padrón de 1816 (Real Chancillería de Valladolid: Protocolos y padrones; caja 149,9) contabiliza 147 cabezas de familia clasificadas de la manera que sigue: 134 hijosdalgo y de ellos 18 gozan del Privilegio Vellito Auriolis; 8 son pecheros  que también gozan del Privilegio y 5 son forasteros. Como dato curioso se observa que en dicho padrón aparecen apellidos conservados por algunos vaqueros de Torrestío hasta épocas recientes e incluso actuales: Álvarez-Montaña, Ballotas, Flórez, Cabrero, Arguelles, Lorenzo, Quiñones, Rodríguez (alias Barrera), Biesca, Sirgo, Suárez (viuda de Colado)…

El historiador Juan Uría Ríu en “Los vaqueiros de alzada en el aspecto social” (publicado en Estudios de Historia social de España, 1955)  y vuelto a editar en Los vaqueiros de Alzada. De caza y etnografía, Biblioteca Popular Asturiana, 1976) señala como posible causa de la marginación de los vaqueros de alzada (recuérdese que en algunas iglesias asturianas existieron límites o vigas  que separaban a los vaqueros y otras gentes del resto de los feligreses) la socio-económica y no la étnica o grupal: “En la iglesia de San Miguel de Villardeveyo (Llanera), a la que concurrían algunos vaqueros de los que emigraban a Torrestío (Babia de León) sabemos por tradición que los del apellido Sirgo se colocaban en el acto de la misa en lugar preferente a los demás vaqueros, y como por otra parte hemos visto que en territorios alejados de los que habitan los vaqueiros de alzada, eran solamente ciertas familias las que resultaban postergadas, podemos sospechar que las divisiones en cuestión debían guardar relación con la clase social a la que pertenecían las personas. Sabemos que los Sirgos vaqueros eran hidalgos, y no debemos dudar de que su puesto preferente en la iglesia tuviese como fundamento, precisamente, el hecho de pertenecer a esta clase” (págs. 98-99).

Las observaciones de Jovellanos y de Uría y los datos extraídos de los padrones arriba mencionados, en los que se puede observar que prácticamente todos los habitantes de Torrestío eran hidalgos o gozaban del Privilegio de Páramo y La Focella, nos llevan a preguntarnos lo siguiente: ¿Podría ser ésta la razón por la que ancianos vaqueros de Torrestío no recuerdan haber sufrido la marginación de la viga divisoria en las iglesias de sus parroquias de estancia de invierno?, ¿o la no marginación fue debida al hecho de que pagaban los requeridos impuestos eclesiásticos? Existe documentación que acredita que vaqueros torrestianos pagaban sus diezmos en Torrestío y que algunos llevaban certificado del párroco para presentarlo en la parroquia de estancia invernal (véase  Julio García Maribona: “Vaqueros de casa Pericón de Tuernes, Llanera”. Anuario nº3 La Piedriquina, 2010. Pág. 62). O quizás la marginación –si es que la hubo- fue causada por las estancias prolongadas en uno y otro lugar, lo que comportaba ventajas económicas a los trashumantes, a menudo generadoras de envidias entre el resto de los vecinos no vaqueros, pero también inconvenientes tales como carencia de informaciones puntuales y una cierta desconfianza derivada de  su doble vecindad,  en la morada de invierno y en la  de verano.

También explica Uría la diferencia léxica entre vaquero y vaqueiro. Algo cuestionado hoy día por  algunos al haberse difundido la cultura vaqueira de occidente e intentar asimilar en la misma a los vaqueros de Torrestío. No hace mucho, un periodista preguntó a un vaquero con ocasión de la “II Ruta de Alzada Vaqueros de Las Regueras-Torrestío”: -¿Ud. es vaquero o vaqueiro? A lo que la persona contestó con gran acierto: “Mire usted, nosotros siempre nos llamaron, y nos llamamos, vaqueros o vaquerus, en Torrestío y en Las Regueras”. Bien es verdad que en Babia y a veces se referían a ellos como “los de las marinas”, y en Asturias no es infrecuente  llamarles torrestianos o los del puerto.

Uría Ríu ya había dado respuesta a la pregunta sesenta años antes: “Como en la región central de Asturias no existe el diptongo ei, se llamó a los ganaderos nómadas y trashumantes simplemente vaqueros mientras que a los de occidente se les denomina con alguna frecuencia vaqueiros de alzada” (op. cit. pág.78). ¡Conciso y claro!  

A modo de resumen  podemos concluir que se conoce por “vaqueros de alzada”  a los miembros de las familias trashumantes que tradicionalmente se dedicaban de modo principal, pero no único, a la cría de ganado bovino, de ahí el nombre de vaqueros.  Desarrollan su vida dedicados al pastoreo en dos zonas climáticas distintas y se desplazan siguiendo un ciclo anual. Alzan o se mueven (unas veces toda la familia y otras parte de la misma) con sus ganados – y antiguamente también con sus enseres-  a finales del otoño desde algunos pueblos altos de  la  montaña  occidental (vaqueiros) y  de la central asturiana (vaqueros) hacia lugares cercanos a la costa donde un clima más benigno les permite mantener un mayor número de animales sin tener que sufrir los rigores de la alta montaña. Allí pasan el invierno hasta que la nieve se aleja de los pastos de altura. En ese momento, en marzo, abril o mayo, dependiendo del tiempo y de las necesidades de su cabaña ganadera, reemprenden la alzada hacia los pueblos del puerto de montaña. De ahí la expresión bajar a las marinas o subir al puerto.

Los vaqueiros de alzada fueron objeto de estudio e investigaciones etnográficas desde Jovellanos hasta nuestros días y las teorías sobre sus orígenes han ido cambiando según el devenir de los tiempos (véase “Los vaqueiros de alzada: proceso de formación y modos de vida”, de Adolfo García Martínez, cap. IX de La Enciclopedia Temática de Asturias, 1981). En la actualidad la tesis de García Martínez sobre el origen de la identidad de estos pueblos trashumantes está ampliamente aceptada: “…nuestra hipótesis fundamental es que los vaqueiros de alzada constituyen un fenómeno moderno. Para su comprensión es necesario partir de la existencia, en tiempos lejanos, de un modo de vida basado en la actividad ganadera de tipo trashumante y dentro de sus relaciones sociales y técnicas de producción idénticas, en la que estuvo inmerso un amplio sector de los asturianos de la zona centro-occidental, y que van a experimentar una evolución cuyo término de llegada será la diferenciación clara entre un grupo social y económicamente progresivo –los vaqueiros de alzada- y otro de poblaciones de agricultores y ganaderos esencialmente estantes y muy marcados por el arcaísmo”:  A. García Martínez: Los vaqueiros de Alzada de Asturias. Un estudio históricoantropológico, 1988. (Pág. 120).

Admitiendo una trashumancia de largo recorrido de los puertos hacia las tierras bajas cercanas al mar desde épocas antiguas, mantiene este autor que vaqueiros y vaqueros de alzada como grupo social organizado surge como consecuencia del dominio de la ganadería por la nobleza laica, la cual controlaba  la zona centro-occidental de Asturias, desde el mar hasta la cadena montañosa astur-leonesa, a lo largo de una especie de gran cañada. Primero fue la familia Quiñones (siglos XIV y XV). Después vendrían los Miranda y los Quirós, siguiendo una política de extensión ganadera, aunque con matices propios y con fuertes enfrentamientos por los intereses que tenían estas dos últimas familias en Babia, concretamente en la cabeza del coto, Torrrestío, hasta que, finalmente la Corona, coincidiendo con el proceso de fortalecimiento de la monarquía frente a los intereses y poder de la nobleza local, se volvió a hacer cargo de Torrestío (véase García Cañón, Pablo: Enfrentamientos inter-señoriales en la montaña occidental leonesa a fines de la Edad Media” en Miscelánea Medieval Murciana nº XXXIII, 2009 (págs. 5576).

Conviene recordar en esta introducción que, aunque existen muchos rasgos comunes a los pueblos vaqueiros y vaqueros, también existen singularidades. En el caso de Torrestío estas peculiaridades tal vez hayan sido originadas por su historia trashumante hacia concejos con núcleos de población importante en el centro de Asturias (Oviedo, Gijón y Avilés); al hecho de que la alzada de verano se localiza en el mimo pueblo, cuyos orígenes se remontan a épocas prehistóricas y a que Torrestío se encuentra atravesado por la calzada Real de la Mesa, importante vía de comunicación entre Asturias y la Meseta desde épocas antiguas. El ilustre Jovellanos en la carta arriba citada ya hizo una observación, rompedora  con el pensamiento etnográfico de su época, tan dado a otorgar orígenes raciales a los vaqueiros: “Yo creo que la diferencia entre unos y otros vaqueiros nace de la diferencia del suelo que unos y otros habitan”. Dato muy importante a tener en cuenta, ya que es en las diferencias donde radica la riqueza etnográfica de los pueblos.


Pablo Barriada. Profesor de Historia de IES.

Mª Teresa Rodríguez. Descendiente directa de vaqueros e impulsora de la Ruta Vaqueros de Alzada Torrestío-Las Regueras.

NB. Nuestro agradecimiento a Pedro Busto por la cesión de fotocopias de los documentos del archivo de Simancas mencionados en este artículo, por su aportación blibliográfica y generosa disposición a colaborar en el tema de los vaqueros de alzada de la Asturias central.

Extracto del libro: "San Emiliano: 100 años"

San Emiliano 100 Años
San Emiliano 100 Años

Destinos Bajada Vaqueros Torrestio
Destinos Bajada Vaqueros Torrestio

Realizado por Pedro Busto