Alzadas: La alzada de Torrestío

La alzada de Torrestío. Rutas  hacia las marinas asturianas: el ayer y el hoy.

Torrestío, el pueblo más alto del ayuntamiento de S. Emiliano, antigua Babia de Yuso, limita por su lado norte con los concejos asturianos de Teverga y Somiedo, en algunos de cuyos pueblos también  ha sido frecuente la alzada hacia la marina asturiana. Está cruzado por la llamada Calzada  Romana, o Camín real de la Mesa, que unía la antigua Asturica Augusta, Astorga con Lucus Asturum, actual Lugo de Llanera, y por la cual transitaron romanos, árabes y también arrieros y traficantes en su paso hacia la Meseta para llevar salazones de pescado y retornar a Asturias con cargas de vino  principalmente. Parece evidente la zona de pueblo fue habitada desde épocas  muy antiguas como se puede observar en el Picu El Castru, estratégicamente situado sobre un acantilado y el río, a la entrada del pueblo. Otros topónimos como Azmón, los Castrillos o los Villares  parecen también indicativos de asentamientos antiguos e incluso prehistóricos.

Pueblo de vaqueros de alzada desde tiempo inmemorial, como afirman sus gentes, siguiendo una antigua tradición oral. Desde el punto de vista político-administrativo Torrestío es en la actualidad una Entidad Local Menor. Previo a la legislación de las Entidades Locales Menores se regía por  un concejo abierto de vecinos, como la mayor parte de los pueblos de Babia de Yuso.

En las respuestas generales del Catastro del Marqués de la Ensenada (CME), 1745, se declara Torrestío pueblo de realengo pagando, por tanto, sisas y alcabalas a su majestad. También abonan diezmos al cura párroco, de la familia Álvarez-Estrada (hijosdalgo notorios de casa solar conocida y armas pintar, como reza en los empadronamientos antes citados). De estos diezmos una octava parte se reservaba para el Monasterio de Cornellana. Pagan también a la fábrica de la iglesia del pueblo 100 reales de Vellón y 130 para el voto a Santiago. Unos y otros  eran aportados entre todos los vecinos.

Poseía Torrestío en el momento de la elaboración del Catastro la mayor población de  Babia: 800 almas y 110 cabezas de familia que invernaban en Asturias en su mayoría y se declaran labradores, pastores y arrieros. Roberto Cubillo de la Puente, en su estudio Carne y pescado, su importancia en la alimentación de la ciudad de León en el siglo XVIII, dice que en esa época se contabilizaron en el pueblo 61 arrieros con 253 caballos, que también a veces traficaban con pescado.

Cultivaban prados de secano y regadío, y cosechaban trigo, cebada, centeno y legumbres. Declaran ganado bobino, caballar, cabrío, de cerda y colmenas y aducen  que “las ovejas por la contingencia que trae  trashumar a los puertos de Asturias las inclemencias de los  aires marítimos se crían pequeñas y de casta inferior” (respuestas a la pregunta nº 20 del CME).

Los vaqueros de Torrestío que bajaban a los Concejos de Llanera, Las Regueras, Gijón, Gozón, Siero y Oviedo cruzaban el puerto bien  por Ventana siguiendo la ruta Quirós – Villamexin – Proaza – Trubia, hasta que se abrió el túnel de Peñas Juntas, en la carretera de Oviedo a Teverga. A partir de ese momento, el itinerario fue por las Navariegas - La Focella - Teverga. También hacían la subida hacia Puerto Ventana, vía Páramo, si el tiempo lo permitía. Una vez construida la carretera a Puerto Ventana, los vaqueros empiezan a desplazarse por ella y, a partir de los años 70, comienzan a hacer la trashumancia por carretera en camiones. Sobre las penurias del viaje en épocas de nieve véanse las respuestas de Josefa Suárez a Pedro del Busto y Julio Zapico en el vídeo localizable en You Tube y un extracto del mismo reeditado en II Ruta vaqueros de Alzada Las Regueras Torrestío, 2015. Ed. Ayuntamientos de Las Regueras y S. Emiliano. Págs.53-56)

En los años 60 y 70 del siglo pasado había vaqueros de Torrestío que trashumaban a parroquias de los concejos asturianos de Gijón, Las Regueras, Llanera, Oviedo y Siero.

Uría Ríu hace un recuento de lugares en los que invernaban en los años 50: “Hasta hace muy pocos años y acaso hoy todavía- por lo menos en la mayor parte de los concejos que vamos a nombrar- existía alguna que otra familia de vaqueros que pasaban el verano en Torrestío (León) y los inviernos en los lugares de Piles, Tabladiello, Robledo y Pruvia en el concejo de Llanera, La Barganiza de Abajo, Pañeda Vieja y Peña Ferruz en el de Siero y Recastañoso, La Braña y Paraes en el concejo de Las Regueras…” Y añade: ”En el siglo XVI bajaban a invernar procedentes de Somiedo y Torrestío otros vaqueros a la braña de Fontes en el concejo de Grado…”(Op. cit.  Nota 3, págs.79 y 80).

En la actualidad solo dos familias de Llanera practican la alzada. Una descendiente de casa de Engracia, de la Barganiza y otra de Casa Viesca de Lugo. Esta última reanudó la trashumancia tras años de cese, al unirse en matrimonio con otra descendiente de vaqueros que invernaban en Limanes (Oviedo) y poseen fincas y casa en Torrestío, condición requerida para poder subir los animales al puerto.  El resto de los vaqueros de Llanera abandonaron la trashumancia a lo largo del siglo XX, aunque buena parte de ellos sigue conservando casa y propiedades en el pueblo.

A la parroquia de Biedes, concejo de Las Regueras, trashumaban en el siglo XX seis familias. En la actualidad lo hacen cinco: Casa Ramonito, Casa Rufo, Casa Pinón y dos descendientes de antiguas familias vaqueras: Casa el Tato y Casa Barrera, aunque en el caso de estos dos últimos su actividad económica principal no es la ganadera.

En el concejo de Oviedo todavía nos encontramos con familias de vaqueros que conservan casa y fincas en Torrestío, como la familia Bobes, de Latores y la de los Pizorros, de Limanes. Pero solo un descendiente de Bobes practica eventualmente la trashumancia con algunos animales, aunque no es la ganadería su principal ocupación.

Hasta el concejo de Gijón bajaban a invernar algunos vaqueros de Torrestío. En el estudio Etnohistoria del Coto Curiel (2003), Cristina Cantero Fernández recoge evidencias de vecinos de Torrestío, moradores del Coto Curiel (actuales pueblos de Peñaferruz, Carbaínos y Aguda) hasta finales del siglo XIX, con apellidos como Sirgo y Colado: “… en los apeos realizados en 1712 con motivo de la visita que el comisionado Cepeda hizo a Asturies, se menciona de manera más general “en la feligresía de San Miguel de Serín la braña sita en sus términos con el título de Sisiello, poblada de vaqueros, de que se titula dueño el conde de Peñalba…”. Y sigue diciendo que en el Catastro del marqués de la Ensenada (1752) se cita a familias de Torrestío que pasaban el invierno en la parroquia de Serín y que familias de Sisiello mantenían estrecha relación con los vaqueros de Coto Curiel. Además,“en el Concejo de Xixon hay noticias que hablan de la existencia de zonas baldías compartidas entre los vaqueros y campesinos, como la Braña (Tremañes) que pertenecía al antiguo coto del Natahoyo y de la que se habían aprovechado siempre desde tiempo inmemorial” (págs. 75 y 76).

También existe constancia de otro lugar de estancia invernal en el Concejo de Gozón. Investigaciones realizadas por Pedro Busto y Julio Zapico, de la Asociación Vaqueros de les Cabañes, arrojan datos sobre la existencia de vaqueros en esta zona de la parroquia de Verdicio que se desplazaban a Torrestío cada primavera. El recuerdo de la existencia de vaqueros aún perdura en la memoria colectiva  y los apellidos vaqueros que hay en las lápidas del cementerio dan fe de ese pasado, pese a que hace casi cien años que dejaron de trashumar.

En los años 80 del siglo pasado, mientras que antiguas familias vaqueras  abandonaron la trashumancia, otras vieron la oportunidad de subir sus ganados a los excelentes pastos del puerto de Torrestío y comenzaron la vida de alzada. Este ha sido el caso de dos ganaderos procedentes de Peñerudes  y de Dosango (Concejo de Morcín).

Los vaqueros de Torrestío disfrutaban de una doble vecindad, con los mismos derechos y deberes que cualquier otro vecino no vaquero. Pese a ello, el periodo de estancia o ausencia de los lugares de residencia nunca fue bien visto por los vecinos residentes todo el año y, con frecuencia, originó conflictos y críticas, generalmente motivadas por intereses económicos: dominio de los pastos y pagos de sisas, diezmos y primicias a la Iglesia. “Vienen cuando salen las primeras yerbas y marchan cuando se acaban las últimas”,  se quejaban así los habitantes no trashumantes de Torrestío según nos contaba una vaquera. Los testimonios de vaqueros recogidos a continuación nos comunican experiencias y sentimientos sobre lo que significó la alzada de Torrestío para ellos:

Cesáreo Alba Feito, personaje bien conocido en el pueblo, perteneciente a la familia de los Parrondios, que invernaban en Brañasivil en el Concejo de Salas, y que regentaba el bar  “Casa el Parrondio” narró sus vivencias de alzada al escritor Luis Mateo Díez: Relato de Babia (1981). Esta entrevista fue realizada cuando Cesáreo ya era sexagenario, por lo que sus referencias se remontan a los años previos a la Guerra Civil. Nótese en su relato como el orgullo y la identidad vaquera se encuentran ligadas al concepto de casa o familia que con frecuencia se designa por un mote y que no siempre  es coincidente en las dos moradas. Por ejemplo, en el caso de esta familia, conocida en Torrestío como los Parrondios en Brañasivil  era identificada por los Cuatrinos. Dice así Cesáreo:

“La Marina aquí llaman a todo, igual ir pa Salas, que pa Las Regueras, que pa la Venta El Jamón”…el único pueblo que iba en todo San Emiliano.  Sólo Torrestío hacía la Alzada a las Marinas.

…Esta casa iba a Salas. Cuatro días de camino. A esa zona que íbamos nosotros no iba nadie más. Aquí siempre quedó gente.

En esta santa casa íbamos, épocas de ir nueve hijos, nueve de familia y los padres: once, que abultábamos tanto como las vacas. Con veinticuatro o veinticinco cabezas de ganado vacuno y ocho o diez caballerías. Cuando no había que arrear gochos, que si había gochos había que llevarlos también. Las pitas, los gatos y el equipo completo ¿eh? Y si había buen lacón cocido, en la alforja del caballo y la bota de vino para las meriendas.

… A finales de octubre o primeros de noviembre se hacía el traslado a la otra posesión. Y se volvía en el mes de mayo. Los destinos, las pensiones estaban marcaos de toda la vida. La primera Saliencia, un pueblo de aquí de Somiedo. La segunda Aguasmestas. La tercera El  Puente San Martín. Y la cuarta ya se llegaba al destino, si había fuerzas pa llegar. Se paraba en los pueblos, había buen prado para el ganao, buenas cuadras, y la gente mucha amistad de toda la vida.

“Este es un pueblo independiente. Nosotros como los de Bilbao. Nosotros no convivimos con los de aquí a no ser pa los asuntos oficiales, ni puñetera falta. No crea que estamos por los de aquí. Aquí si nos falta la O (quiere decir la matrícula de los coches de Oviedo entonces). Aquí han venido ayer, le voy a decir poco,  la miseria de sesenta y ochenta coches y algún par de autocares, y he visto un coche con matrícula de León, uno, ¿eh? Los otros, todos de la O.

En esta entrevista Cesáreo, además de mostrar su vena negociante, también rezuma sentimientos y el orgullo de sentirse vaquero, más identificado con Asturias que con la región de Babia a la que pertenece Torrestío. Y este sentimiento de pertenencia ha sido y sigue siendo una constante bastante generalizada, prueba de ello son los rasgos de cultura material e inmaterial asturiana que quedaron en el pueblo y a los que nos referiremos más adelante.

El fenómeno de abandono de la trashumancia se acentuó con las quemas de casas en Torrestío durante la guerra civil. Muchos de los afectados decidieron no volver a construirlas y vendieron sus fincas para poder comprar predios cercanos a la casería asturiana. Es el caso de la mayoría de las familias sitas en el barrio de El Campillo (casa El Trinco, Casa Pajina, casa Reguera, casa Sopes, casa Carril, casa Ramón de Laura,…).

Otro descenso de la población vaquera tiene lugar en la época de prosperidad del pueblo, cuando en los años 60 se abrió la mina de oligisto cerca de los lagos de Somiedo. Algunos vecinos se convirtieron en sedentarios en lugares de Llanera y Gijón con la esperanza  de mejorar su nivel de vida y proporcionar estudios a sus hijos, como, por ejemplo, la familia de casa Adela el Sucurriba (que iban a Tabladiello (Llanera) o  la de Viesca (que bajaba a Lugo de Llanera). Los años sesenta también cambiaron el paisaje y el paisanaje del pueblo: Los camiones de mineral horadaron la carretera dejando una estela de polvo rojo y un dinero extra a las familias que mandaron a sus hijos a trabajar a la mina. Ello posibilitó la restauración de algunas casas pero también la consiguiente pérdida de edificaciones populares y la casa de Rufo torre medieval (véanse fotos de abajo) sobre cuyos muros los dueños reconstruyeron su actual vivienda.

construcciones

La vaquera María Fernández, de casa Rufo, narra, con ochenta años, su experiencia infantil del viaje de alzada desde Parades (Las Regueras) hasta Torrestío, pasando por Quirós, de la manera que sigue (Revista Alzada de Torrestío, 2003, pág. 10):

Bueno yo yera muy pequeña, tenía ocho o diez años y diba con mi güela y con mi pá. Salíamos en mayo, más tarde que  lus otros vaqueros de La Braña y de Parades. Dibamos andando y a caballo con los animales y llevábamus algo pa comer pol viaje.

La primera noche pasábamosla en Proaza. Primero dormíase nel Palacio Prada. Años después ya dormíamos en Proaza, en casa Marín de Villanova y mi güela y yo dormíamos en cama, pero mi pá dormía col ganau. Dáben-nos el café  antes de marchar y tratáben-nos bien porque algunes veces llevábamos-ys novielles pal puerto coles nuestres.

La segunda noche dormíamos en Posadorio, arriba de Ricabo y comíamos la comida de les doce arriba,  nes campes de Trobaniellu, y la merienda en Porcineru, onde había un bar o posada y tomábamos café. Después ya díbamos a dormir a Torrestío.

Nieves Álvarez, vaquera de Torrestío, cuya familia invernaba en Santolaya de Pruvia (Llanera), recita sus experiencias de alzada en verso. Publicadas en varias revistas, recogemos aquí la bajada a las marinas (reeditado en II Ruta vaqueros de alzada Las Regueras-Torrestío, 2015, pág. 49) en la que nos narra el trayecto y las paradas que hacían cuando iban por Quirós:

Bajada a las marinas

Salíamos de Torrestío, baxábamos por Ventana,

Dexando hacia la derecha la Venta de Porcineiro, que estaba deteriorada  y no se oía  la campana, porque la nieve reinaba.

Llegábamos a Sierros Negros, pasábamos a la escampada.

El campo es el de Xistrales, donde allí algo se tomaba. Y recordando la frase de esta manera se hablaba:

 “No hay hombre como Silvestre, que en el campo de Xistrales, se cogió la bota al hombro y convidó a toda su gente”.

En el fondo hay una ermita, que es la de Trobaniello, La íbamos a visitar rezándole un padrenuestro y dándole una limosna, porque quedaba en desierto escuchando los silbidos, que los recibía del viento.

Baxábamos por la Venta, pasábamos por Ricabo. Al fondo Sta. Marina y, un poquito más abajo, está la Iglesia de Arrojo, donde ya nos acampamos. Allí posamos la carga, allí  cantaban los gallos; allí atábamos les vaques, allí mamaben los xatos. Nosotros, junto a la capilla, también nos acomodábamos; allí hacíamos la cama y allí nos acostábamos: Unos rezaban el Credo; otros, muertos de cansancio, tenían que velar que no  marchara el ganado. Venía otro nuevo día y seguíamos caminando: 

pasábamos las Agüeras, Caranga de Arriba y de Abajo y, al llegar a Proaza, allí quitábamos el sayo. 

Llegábamos al puente Trubia y allí ya nos separábamos, de la carretera a Oviedo hacia la de San Cucao.  De S. Cucao a Llanera. De Llanera a Castejón, donde había que cruzar la carretera a Gijón. 

Allí ya olíen les fabes que mi madre cocinaba, Pues ya nos faltaba poco pa llegar a Santolaya.

Desde los años 90 a esta parte, la vida del vaquero de Torrestío nada se parece a lo que  Nieves, María y Cesáreo narraban. Ha habido un cambio  rotundo. En primer lugar, la población de todo el pueblo descendió notablemente y los pocos trashumantes que continuaron la vida de alzada cambiaron sus costumbres de forma radical. Ahora el transporte de los ganados se realiza en cómodos camiones y los desplazamientos tienen más que ver con el periodo de productividad de los animales  y con  la metereología que con otros criterios tradicionales. La ganadería sigue siendo extensiva y predominantemente vacuna  pero con vacas de puerto seleccionadas, como la “asturiana de los valles”, y con cabañas ganaderas cada vez más numerosas. Como dato significativo, hay que decir que en la actualidad existen más animales en el pueblo que cuando  había cincuenta vecinos trashumantes.


Pablo Barriada. Profesor de Historia de IES.

Mª Teresa Rodríguez. Descendiente directa de vaqueros e impulsora de la Ruta Vaqueros de Alzada Torrestío-Las Regueras.

NB. Nuestro agradecimiento a Pedro Busto por la cesión de fotocopias de los documentos del archivo de Simancas mencionados en este artículo, por su aportación blibliográfica y generosa disposición a colaborar en el tema de los vaqueros de alzada de la Asturias central.

Extracto del libro: "San Emiliano: 100 años"

San Emiliano 100 Años
San Emiliano 100 Años